Capítulo único

Sin olvido

Enfrascado en su propio mundo. Viviendo en torno a su trabajo, a sus otras amistades, a sus proyectos propios.

El hombre de negocios llegaba con su característico maletín, con su pedazo de tela en el cuello, que por la mañana era corbata. Llevaba también un saco en la mano opuesta. Su casa, igual que todas las decenas y centenas de casas más, se encontraba en total oscuridad. Era normal, después de todo era ya muy tarde.

La puerta está a la intemperie en la calle, sin barda, sin escaleras, sin segundo piso. Entra a aquel pequeño claustro, de poco más de cien metros cuadrados. Tira el saco y el maletín en el sillón. Él se tira a un lado de ellos.

Grita el nombre de una persona pero ya nadie responde.

Prende la televisión, y ahora la única luz en la casa es la cambiante luminosidad de la televisión. Comienzan los comerciales y programas de fajas. Apaga la televisión. Se mueve como zombie hacia el cuarto del baño. Ve su intento de rostro demacrado en el espejo.

Su vista baja lentamente hacia el lavabo. Abre la llave del agua fría y ésta comienza a salir. Su vista se dirige un poco hacia arriba del lavabo a una de las repisas, gira su cabeza a la derecha y encuentra el vaso color verde con el cepillo de dientes dentro.

Sólo había uno.

Entonces, recordó su miseria.

Aruheri
Junio, 2010

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