Algo así como personal

Aviones de papel

Ese día apagué la alarma sin recordarlo. El celular amaneció entre la cama. Se hizo tarde. Salimos de la central de autobúses un poco más tarde de lo normal, pero un viaje que en teoría era de dos horas a dos horas y media se convirtió en uno de tres horas y un poco más. Los nervios estaban ya desde que el autobús se movía un metro y se detenía cinco minutos o más. Salimos, tomamos un taxi, fuimos de inmediato a la escuela.

Adentro, no había muchas personas, era de esperarse. Papeles en mano temblando, rellenar formularios, ya sabes, en caso de que te rompas una pierna o algo tienes que estar asegurado. Tranquila, me dice el hombre tras la mesa, es que tengo mala experiencia con esos trámites. La última vez me pusieron un sello rojo que decía que me faltaban papeles.

El hombre de la camisa azul amablemente me llama por mi nombre -bien pronunciado por cierto- y me dice a dónde debo dirigirme. ¿Hace mucho calor o es mi idea?

Entro al auditorio y en la fila donde me siento sólo hay una chica. Charlamos un poco y después se prolonga el silencio. Estoy un poco agitada, estresada, nerviosa, me pongo los audífonos en las orejas y canto mentalmente algunas canciones de AC/DC.

Llegan más personas a nuestra fila solitaria, lo que quiere decir más personas que estudiarán la misma carrera que tú.
Un montón de varones, una que otra mujer. La chica de al lado comienza a hablar, yo converso con ella. En un momento dado, comenzamos a hablar de Edgar Allan Poe, del final de un libro de Paulo Cohelo, de Berenice, El gato negro, Enterrado vivo, de la aerodinámica de los aviones de papel.

En el aburrimiento se pinta un reloj cuadrado en la mano izquierda que marca a las 8am. Recordé un relato de Galeano pero dedistí de hacer la broma tonta.

Para el tiempo que habíamos pasado ahí, ya todo el mundo se estaba riendo, y el chico de al lado habló más en lugar de agitar su pierna freneticamente debido al nerviosismo. El chico de atrás que era el más centrado de todo terminó dándonos instrucciones para recorrernos en las filas.

Ella me enseñó a hacer aviones de papel que siempre volaran en línea recta. Y el avioncito hecho con un recibo de pago para el examen para entrar a la universidad voló un poco bajo para no llamar la atención, pero siempre firme en su trayectoria.

Terminamos hablando de las sucursales de banco y que el papel de fax se pinta porque es sensible al calor. Sólo eso. Me llamó excéntrica por el desorden de mi portafolio y aún así continuamos charlando amenamente. Incluso dejó que soplara su colgante que significa algo así como venerar a la luna. No preguntas, por favor.

El Ello de ella hablaba un poco a menudo. Aunque pienso que realmente no le importaba una mierda de lo que los demás pensaran. Y eso está bien. Su carencia de superyó demostró aquello. También le expliqué esa teoría, que es diferente a la del súperhombre de Nietzsche. Sí, ella había leído a Nietzsche.

Cuando ella llegó a la meta final del propósito de estar sentados casi una hora en ese auditorio, todos comenzamos a hablar, incluso los de atrás que hasta ahora sólo habían estado riéndose de nuestras charlas sin sentido para pasar el tiempo.
A ella le dieron el turno de la mañana, a mí el de la tarde.

En su mente distraída, salimos y caminamos por lados opuestos y ni siquiera lo notó. Salí, mi padre me esperaba sentado, con las maletas a los pies. Caminamos quién sabe cuánto. La encontré queriendo meter su cabeza entre los barrotes que separan la calle y la escuela. Me despedí, fue una agradable compañía, aunque ella misma admitiera que estaba un poco loca. Desde luego, no era mi idea corregirla.

Arriba en el autobús que me llevó de regreso, desperté oyendo no sé cuál canción. El trayecto que se hacía en dos horas, se hizo en cuatro. Me recordé internamente no volver a viajar en viernes.
Me levanto, dejo el asiento tal cual lo tomé, (sin esa inclinación de 135º que me ayudó a dormir como bebé) y a mis pies encuentro el avión de papel. Me río y lo guardo en mi morral.

El avión se pasea libremente por mi habitación.

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