Lo que escribo·Relatos

La miseria de la vida

Hay algo dentro de ti llamado vacío… o puede que no haya nada realmente;
a eso se le llamaría vacío también. No lo sé.
Cuando se sitúa dentro, o cuando todo lo que eras se drena dentro de ti,
un ente débil y carente de visión, carente de atención, carente de muchas, muchas cosas,
se apodera de vos. O puede que en realidad sólo sean fragmentos de lo que ya eras. No lo sé.

Quiere, está desesperado por atención, por amor, por un abrazo tal vez, por contacto humano, por alguien que no le abandone como todo el mundo lo hizo antes, quiere sentir, quizá sentirse vivo de nuevo.
O tal vez sólo quiere que todo termine, poner una bala en su cráneo o un puñado de pastillas en el estómago… no lo sé.

Sea como se retrate, lleno de, o falto de…
Rara vez hace cualquiera de esas dos opciones…
Tal vez porque esas dos opciones son para los valientes, sabes.
Levantarse, o caer definitivamente.

Pero el cobarde no hace ninguna de las dos.
Quiere subir, pero al mismo tiempo quiere quedarse en tierra lamiendo el suelo, recogiendo lo que caiga de allá arriba, y procurando no avanzar tanto, que se puede caer.

Trata de alimentar el vacío con todo menos con lo que en verdad necesita…
Comida, derrochar dinero, dormir, no dormir, jugar, drogas, diversión, alcohol, trabajo, sexo, vagabundear…
Me pregunto si en verdad sabe lo que quiere o necesita, o simplemente lo llena hasta saciarlo temporalmente…
Luego de un rato, hay que volverlo a llenar, bebé.

Me pregunto si usa sustitutos conscientemente porque no puede llenar el vacío con lo que éste necesita verdaderamente.
Al final de todo, ¿qué es lo que necesita? ¿Una familia, un perro, un abrazo, un hombre o mujer que le amen? ¿Un nuevo lugar donde vivir, dinero, un trabajo, un gato, un nuevo libro, un litro de cerveza, un beso, una parada al hospital, un banquete, un exceso? ¿Qué necesita, qué anhela, qué desea, qué ansía, qué quiere?
La verdad, es que no quiere nada. No hay necesidad de saciar nada, porque ya no hay nada. Ya no queda nada, o no hay espacio para nada más. No lo sé.

Y sin embargo, hay esperanza, tal vez.
Esa pequeña porción de pensamiento miserable.
La esperanza para muchos podrá ser un rayo de sol en la oscuridad, un brillo blanco puro, una mano a la que sostenerse…
La de él es un poco más… sombría… si lo quieres ver así… Al fin al cabo, sea del tipo que sea, la esperanza, al igual que la fe, están equivocadas, o son falsas, la mayoría de las veces…

Pero, el buen Sabato dijo alguna vez: “no hay en la muerte nada tan bueno como la miseria de la vida.”

Esa es su lúgubre y, grosso modo, su esperanza.

Y me pregunto si eso lo hace infinitamente cobarde y estúpido.
o infinitamente inteligente.
Probablemente, ninguna de las dos.
No lo sé.

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