Lo que escribo·Mala poesía

La muñeca hueca

Ella me ve.
Lo sé porque yo la estoy viendo.
Sus ojos se posan en mí, juzgándome.
Y yo poso los míos a su vez, interrogándole.
Y nos observamos las dos; arrogantes.

Ella es muda.
Sus labios carnosos no se separan en todo el rato que nos observamos.
Y yo soy muda.

Ella es sorda.
El escandaloso ruido de los autos,
no interrumpe su tarea de observarme.
Y yo soy sorda.

Ella no huele.
Su nariz, gruesa y pronunciada,
no puede percibir la mugre de la ropa ni la basura del bote.
Y yo no huelo.

Y nos quedamos ahí,
Una enfrente de la otra.

Su cabeza está ligeramente inclinada,
Sus brazos encima de su cara;
Se cubre el ojo derecho y con el otro me observa
Pero no me observa.
Hilos caen por el lienzo
Y sostienen sus brazos rotos,
Sus brazos desunidos, resquebrajados.

Y ella me ve pero no me ve.
Y yo la observo pero quizá ella es tuerta.

Ella no me ve,
Ni siente, ni huele
Ni piensa, ni aparenta.

Ella sólo está ahí,
Porque está vacía,
Porque es la muñeca hueca.

— Inspirado en un cuadro que está colgado en la pared de mi cuarto. El cuadro se llama también La muñeca hueca.

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