Capítulo único·Lo que escribo

Su espíritu

Los quejidos comenzaron en su casa repentinamente. Sucedía a toda hora. Y no sólo eso; también escuchaba el arrastre de unos pies lentos. Ella desconoció por completo el dueño de esos pies cansados.

Un fantasma, se dice a sí misma la niña, aterrada, envuelta en sus cobijas, tapándose los oídos con sus manitas para no escuchar los insistentes golpes en su puerta a la mitad de la noche. Golpes y más quejidos, hasta que las luces se encendían y todo cesaba.

Pero una noche, una noche, lo que la despierta no son los golpes en su puerta, son los llantos de su madre. Ella no entendió por qué su madre lloraba. No entendió sino hasta la mañana siguiente, cuando su madre le puso un vestidito color negro… o eso dijo, porque la niña de esta historia no podía ver.

La abuela había muerto la noche anterior. Aunque a la niña le pareció que el espíritu de la abuela ya andaba en pena hacía mucho tiempo.

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