Algo así como personal

De escuelas y razones por las cuales ir

Estar en la universidad puede ser algo cansado. Desde el día número uno tienes que explicar, como si se tratara de un interrogatorio, qué es lo que quieres hacer con tu vida, en qué trabajarás al salir, cómo te ves como profesionista en diez años, pero más importante, por qué es que estás ahí. Suponiendo que todo lo que dicen las personas en voz alta es cierto, las respuestas varían de ser escritores, maestros, editores, correctores de estilo, todas las anteriores, o ninguna. Casi siempre estás siendo bombardeado con esta clase de preguntas, y si no las respondes aparentando que sabes la respuesta y no tienes dudas, te arrojan más.

Todos hablan de que eres una persona privilegiada por calentar la silla que tienes, y que deberías sentirte orgulloso, porque el país está como el carajo, y no todos pueden estudiar gratis. Las personas te ven casi con respeto cuando mencionas el nombre de la escuela, y como casi nadie sabe qué es lo que estudias, nadie pregunta con qué se come por temor a parecer un idiota.

“Cuando estaba del otro lado del salón”, comienzan los maestros, soñando y añorando un pasado que no puedo entender. “Amo mi carrera”, escucho a algunos alumnos, y sus palabras parecen ajenas, como si estuvieran en otro lenguaje. “Ser universitario es maravilloso”, “el mejor momento de mi vida”, “aprovechen al máximo lo que tienen”.

Es como si todos vieran un arcoíris majestuoso, pero yo sólo puedo ver la lluvia que me moja y me hace temblar de frío. No amo mi carrera, no es el mejor momento de vida, no siento que sea maravilloso, no me siento orgullo, no tengo grandes planes para el futuro. No sé qué haré en diez años, cielos, no sé ni qué haré el próximo mes. Ni siquiera sé si estaré vivo aún la siguiente semana.

Lo único que quiero es escribir, no quiero otra cosa más. Al parecer ya ni siquiera puedo hacer eso. En mis momentos de profunda empatía con el prójimo, diría que no soy una de esas personas que esté “aprovechando al máximo”, y que quizá debería dejar el “lugar privilegiado” que tengo a alguien más. En mis malos días, que son casi siempre, mi respuesta a quedarme a pesar de todo lo anterior listado, es que la universidad es una razón por la cual levantarme en las mañanas. Casi siempre tiendo a aferrarme a este último razonamiento.

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