Lo que escribo

Publicación de ‘Eso que llevas dentro’

Pues nada. Hace un par de meses, ya casi un año, en noviembre de 2015, se publicó un texto mío en el número 6 de la revista Primera Página. El texto se llama ‘Eso que llevas dentro’, y pueden leerlo desde sus computadoras o dispositivos dando clic acá.

Ese número de la revista está dedicado a las otredades y a la marginalidad, así que podrán darse una idea sobre qué va el cuento.

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Lo que escribo

Crónica de un cambio de nombre por identidad de género en México [parte 2]

Esta parte de la crónica debería llamarse “De cómo la burocracia te hace dar cientos de vueltas por una firma y un sello”.

Al final de la parte 1, que el lector puede leer aquí, expresé que faltaba realizar la reserva de mi acta primigenia y el cambio de nombre y género en la universidad. Para el día de hoy en que escribo esta segunda parte, estos dos gigantes trámites ya han sido hechos, aunque la cosa haya sido espantosamente lenta y llena de desinformación, tanto de mi parte como de los funcionarios.

El caso de la notificación perdida del Registro Civil

El 4 de junio de 2015 terminó oficialmente el cuarto semestre de la carrera. Fue muy emotivo y bonito. Inmediatamente, el 5 de junio acudí a la RENAPO ubicada en Dinamarca 84, Col. Juárez, Del. Cuauhtémoc, a unas cuantas cuadras del metro Cuauhtémoc de la línea rosa. Mi ingenua intención era ir a dar de baja mi CURP anterior, para que no siguiera apareciendo en el sistema de consulta por internet. Desafortunadamente, este proceso no pudo hacerse. Me explicaron que para que ellos pudieran hacerlo debía tener reservada mi acta anterior, aún si mi nueva acta ya estaba activa en sus sistemas. Dicho de otra forma, en papel yo tenía una doble identidad.

La ley dice que los registros civiles son los encargados de enviar las notificaciones de cambio de nombre a los respectivos estados. Eso dice la ley. Ingenuo de mí creí que en todos esos meses por acto de magia (o de funcionarios competentes) habría pasado algo. ¿Y qué pasó? Nada.

Me fui de la RENAPO y acudí al Registro en Arcos de Belén. Pregunté en el módulo de información qué se podría hacer. Salí de allí sólo con los teléfonos del Registro Civil Central del estado de Querétaro, porque ellos no tenían ni idea.

Triste y desconsolado regresé a Querétaro a contar mis penas. Por suerte, mi madre es abogada y a mi padre le gusta más actuar que especular. Me recobré de mi morosidad y el ocho de junio acudí junto con mi madre al Registro Civil de San Juan del Río, el municipio donde vivimos y que yo nací. El Registro Civil está ubicado en la calle 27 de Septiembre, número 29, Col. Centro.

La abogada encargada nos atendió muy amablemente hasta que mencionamos el motivo de la visita. Consejo: aunque ustedes sepan que el abogado está mal, no lo contradigan de forma que ella o él piense que ustedes saben más que él. Hablen con humildad y actúan como sus fieles siervos y súbditos. Bésenle la mano si pueden.

La abogada no sabía absolutamente nada de la nueva reforma, nos confirmó que ella no había recibido ninguna notificación del Distrito Federal, y que no haría nada sin una orden de un juez, a pesar de que le expliqué que el proceso podía llevarse a cabo de otra forma diferente al juicio. Salí de ahí queriendo lastimar perritos tiernos.

Punto a nuestro favor por mi mal genio: la abogada y mi madre se conocen por sus trabajos, así que pudo haber sido peor. Otro punto a mi favor: si algo me enseñó ese primer acercamiento es a pretender ser inofensivo.

¿Si San Juan del Río nunca recibió la notificación, quizá Querétaro sí? Con esa premisa acudimos a la Dirección Estatal del Registro Civil de Querétaro, ubicada la calle de Juárez Norte, número 50, en el Centro Histórico de la ciudad. Entramos hasta el fondo a la oficina de la directora, donde nos atendió otro abogado, el segundo de la mera mera. Esta vez fui inteligente y le dejé a mi madre hablar para que lidiara con los de su especie. Yo sólo aclaré algunas cosas. Le tendí una impresión de la gaceta donde venía la reforma, la leyó, y el cielo se abrió. En efecto, nos confirmó que ellos tampoco habían recibido nada, pero que si les llegaba se cumpliría con la ley y reservarían el acta.

Agotadas las posibilidades en Querétaro, volvimos a Arcos de Belén en el Distrito Federal el lunes 15 de junio. A la izquierda de la gran entrada hay un elevador y unas escaleras que llevan a un primer piso donde está la oficina del director y otros funcionarios más. Pregunté por la notificación para el registro civil de Querétaro, y entregué una copia de mi acta nueva y de mi pre-acta después. Una señora comenzó a buscar la notificación.

En ese momento yo no lo sabía, pero mientras esperaba, una chica llegó por su notificación también, se la dieron muy rápido y luego sólo firmó de recibido, comprometiéndose a llevarla al Registro Civil de su estado para efectos legales, etc. Al parecer las notificaciones a los estados no estaban siendo enviadas, sino que uno tenía que ir personalmente por ellas. Eso no lo dice la ley.

Después de varios minutos encontraron mi notificación…. que no estaba firmada aún por el director. Eso explicaba por qué luego de dos meses de haber hecho el trámite no la habían mandado. Entonces me dijeron que regresara dos días después, o sea, el miércoles 17.

Regresé ese día, con copia de mi credencial de elector, firmé de recibido, salí, saqué dos juegos de copias y corrí al módulo de INE más cercano en Coyoacán, en la calle París 188, en la Col. del Carmen.

INE

El trámite de la nueva INE fue muy sencillo, entregué todos los papeles, tanto copias del acta nueva como la antigua. El personal estaba al tanto del trámite, aunque tuve que explicarles de que ya no era un juicio como antes, sino un trámite administrativo, bla, bla. Les entregué una copia de la notificación, que escanearon junto con mi comprobante de domicilio, y el trámite concluyó sin más contratiempos. Se tardaron más en buscar mi domicilio que en otra cosa. Me entregaron la tira de papel donde decía que podía recoger mi nuevo INE a partir del 15 de julio.

El caso de los documentos congelados de la UNAM

Ese mismo día, como la felicidad era tanta, corrí a la Dirección General de Administración Escolar (DGAE) de la UNAM, ubicada a unos cuantos pasos del metro CU, a entregar papeles para que cambiaran mi nombre en el sistema, y así poder ingresar el próximo semestre estrenando nombre. En realidad, ocurrió que las oficinistas no tenían ni idea y me mandaron a entregar los papeles a Servicios Escolares de mi facultad, donde con muecas de descontento me los aceptaron y se quedaron ahí por el resto de las vacaciones bien guardados sin que ocurriera nada, absolutamente nada. Aquí pueden imaginar al patético de mí revisando el sistema todas las vacaciones esperando un milagro, sobre todo porque semanas después me enteré que a una conocida le habían aceptado sus papeles en DGEA y que tardaron menos de una semana en actualizar sus datos.

El caso de la notificación mal hecha del Registro Civil

El lunes 22 de junio de 2015 acudimos a la Notaría número 8 de San Juan del Río a certificar dos copias de la notificación, como respaldo de seguridad por cualquier cosa que fuera a pasar en adelante. Luego de eso, entregamos el original en el Registro Civil de San Juan del Río. En esta entrega la licenciada no estuvo presente, y la encargada de la oficina nos dijo que volviéramos en una semana.

Dejamos correr los días, y regresamos hasta el 3 de julio, creyendo que nos tendrían una respuesta favorable. Esta vez sí nos atendió la licenciada, que nos dijo que para que la notificación fuera aceptada, debía estar dirigida a la directora de Querétaro y que debía de fundamentarse en la Constitución. Teníamos dos opciones: ella nos regresaba el documento como si nunca hubiera pasado por la oficina, o lo contestaba. Mi madre decidió lo primero. Al principio no entendí por qué, y no sabía qué es lo que seguía.

En ese fin de semana ocurrió una tragedia familiar: mi tía, hermana de mi madre, murió. Mi madre se encargó de los asuntos legales para su sepultura, así que tuvimos poco tiempo para hablar sobre qué procedía.

Finalmente, el miércoles 8 de julio de 2015 acudimos nuevamente al Registro de Arcos de Belén, para hablar con la coordinadora Rosario Laura y explicar la situación. No tuvimos que esperar demasiado tiempo para que nos recibiera. Creo que fue la persona menos pedante y humana que he visto en un puesto de gobierno.

Ella ya conocí a la directora de Querétaro, incluso habían hablado por teléfono por el asunto, así que sin más ordenó que rehicieran la notificación, con todos los cambios sugeridos.

El viernes 10 de julio regresé y me la entregó la Lic. Karen Estrada luego de esperar varios largos minutos. Aquí de nuevo entregué una copia de mi IFE y pre-acta. La notificación tenía que entregarse ahora sí con la Directora en Querétaro, y que luego debía regresar el oficio firmado a Arcos de Belén. Me pareció bien, después de todo, nosotros sólo éramos los mensajeros, para acelerar el proceso.

El lunes 13 de julio regresamos a la Dirección Estatal del Registro Civil de Querétaro y entregamos la notificación corregida, no sin antes pasar a certificar copias en la Notaría como con la anterior. No queríamos dejar nada al azar y sin todas las posibilidades cubiertas.

Nos atendió de nuevo el segundo de la Directora, que ya estaba al tanto y nos confirmó que a partir del miércoles a medio día estaría listo el nuevo documento donde la dirección de Querétaro emitiría la orden de reservar el acta a San Juan del Río.

Regresamos, pues, el miércoles 15 de julio y el jueves 16 lo entregamos a la Licenciada en San Juan del Río. Antes de entregarlo sacamos copias certificadas por un notario. Precaución ante todo. Ella nos aseguró que en dos semanas el trámite ya se habría completado.

Me sentí muy aliviado, pero a la vez frustrado. ¿Qué ocurriría, entonces, con las personas que no tuvieran las posibilidades de viajar al Distrito Federal o que no tenía un abogado a su lado? ¿Qué pasaría con las personas con las cuales el abogado no es amigo del funcionario del Registro?

Al final, nunca conocí a la Directora de Querétaro, pero a través de terceras personas supe que mi caso la tenía “preocupada” y que “quería que se resolviera lo más pronto posible” porque eran sus últimos meses en el puesto. El resolver mi situación y reservar mi acta primigenia era su “buena acción” antes de irse. En este sentido, fui muy afortunado; no muchos funcionarios públicos considerarían eso una “buena acción”.

Como sólo éramos los mensajeros, nos tocaba regresar el mensaje con la estampa de “recibido”. Teníamos que devolver la notificación que Querétaro envío a San Juan del Río de vuelta a Querétaro; así que eso lo hicimos el jueves 23 de julio de 2015. Le preguntamos al segundo de la Directora si en el sistema ya aparecía algún cambio; él revisó y sí, ya existía la anotación en el sistema de que la acta anterior estaba en reserva.

Al siguiente día, es decir, el 24 de julio, acudimos nuevamente a Arcos de Belén a entregar la notificación con sello de recibido que el Distrito Federal había enviado a la Directora de Querétaro.

Ese día, por pura casualidad, regresé a la oficina de la RENAPO en Dinamarca para dar de baja mi CURP anterior, con la sorpresa de que en el sistema de ellos mi acta primigenia aún aparecía sin ningún cambio.

Eso me dejó un muy mal sabor de boca y con el ánimo en el piso permanecí un par de días, mientras mi madre revoloteaba por ahí diciéndome que tuviera paciencia. Por mero capricho mío, regresamos el viernes 7 de agosto a Querétaro, a la Dirección General, pero estaba cerrado. Habían extendido un día sus vacaciones sólo porque podían. Acudimos a otro módulo donde hicieran trámites del CURP, no recuerdo qué edificio fue. Explicamos la situación, la persona encargada habló al Distrito Federal, y tras un desayuno y espera, nos explicó que ella no podía hacer nada porque el Distrito Federal aún no emitía ninguna orden sobre qué hacer en casos como ese.

Tras todas las cordialidades intercambiadas, nos fuimos de ahí y el domingo 9 de agosto regresé al Distrito Federal, pues las clases comenzaban el siguiente día.

Después de esto, mi madre volvió a Querétaro a intentar resolver la situación del CURP pero fue en vano.

De vuelta a la UNAM

Una semana antes de que empezara el semestre, acudí a recoger mi credencial del INE, el 3 de agosto de 2015 para ser exactos. Mis datos estaban correctos, excepto por la odiosa CURP que no fue corregida. Me explicaron que tenían que pasar un mes para que los datos se actualizaran y poder realizar las correcciones correspondientes.

Ese mismo día, nuevamente acudí a DGAE, en la UNAM, ya con la seguridad de que era allí donde el trámite de cambio de nombre se realizaba. Dejé mi nombre y número de cuenta para que ellos pudieran pedir mi Expediente y así agilizar el proceso. Me dijeron que volviera en dos días. También fui a Servicios Escolares de la Facultad de Filosofía y Letras para preguntar si “algo” había ocurrido con los documentos que dejé antes de vacaciones. ¿La respuesta? Seguían allí, sin moverse, contemplando el espacio. Me explicaron que era necesario que el director de no-sé-qué hiciera algo en no-sé-dónde… no puse mucha atención, honestamente. Me fui de ahí a tomar café, contemplando en lo que debía de hacer.

El miércoles 5 de agosto regresé a DGAE y entregué una acta de nacimiento y el CURP nuevos. También una fotografía infantil a color, para que actualizaran mi foto en el SIAE (Sistema Integral de Atención Escolar). En la ventanilla me dijeron que tardaban de una a dos semanas. Tardó menos de una semana en que se actualizara mi nombre en el sistema, lo cual me sorprendió muchísimo.

Lo único que no cambió fue la foto. Me dije que era una nimiedad, pues la foto no se veía remotamente femenina, sólo por el cabello semi-largo, pero luego pensé que en otras personas sí era crucial esa actualización de la fotografía. Aunque esa falla no me afectaba tanto, había otras personas a las que sí podía afectarles.

Las clases comenzaron el 10 de agosto, y para mi sorpresa en las listas aún aparecía mi nombre anterior. Uno pensaría que en este punto los trámites administrativos ya no deberían impresionarme por su lentitud, pero las ilusiones son muy poderosas.

La duda me asaltaba, así que el viernes 14 acudí a la coordinación de Letras Hispánicas, le expliqué al coordinador mi situación, y me respondió que lo más probable fuera que el nombre se actualizara en la semana de cambios de horario (del 17 al 23 de agosto).

Luego de eso, el jueves 20 de agosto recibí un correo de Servicios Escolares de Filosofía y Letras, diciendo que podía ir a recoger los documentos que yo había entregado antes de vacaciones, porque DGAE ya había realizado el cambio (claramente por el trámite que yo hice con ellos). Sin contratiempos y así sin más, recogí mis papeles el siguiente día.

Después que la semana del 17 al 23 pasó, las listas se actualizaron y mi nombre por fin apareció. Para entonces ya le había informado a todos los profesores que mi nombre se actualizaría.

Al final, sólo restaba pedir una nueva credencial y actualizar mi nombre en las bibliotecas. La nueva credencial la solicité el 23 de agosto, y en una semana me la entregaron. Por supuesto, tenía mi nuevo nombre y mi vieja fotografía. Me dije que no me molestaba, pero en realidad sí me molestaba. De cualquier forma, con la nueva credencial pude actualizar mis datos en la Biblioteca Central y en la Biblioteca Samuel Ramos, las que utilizo con más frecuencias.

Sin embargo, la foto anterior no dejaba de molestarme, con una comezón en ese punto en la espalda donde tu mano no alcanza a rascar, y el 28 de septiembre de 2015 acudí nuevamente a DGAE a preguntar inocentemente la razón de que nunca actualizaron mi foto. La mujer en la ventanilla, Gabriela, me atendió muy bien (el hecho de que me dijera su nombre, de acuerdo a ella, era signo de que ella sí los atendía bien, no como otros). Mencionó que ya habían actualizado la forma en que se hacían esos cambios, y me dio una forma para llenar mis datos, y en un espacio marcado por un rectángulo pegó mi fotografía para que no se perdiera, como sospecho que ocurrió con la primera.

A la semana mi foto ya había sido actualizada. Una pena que no me hubiera sacado una fotografía mejor, pero al menos ya no estaba la otra fotografía que, hablando francamente, era espantosa. No pedí una nueva credencial, porque la fecha para sellarlas ya había pasado. Decidí esperar al siguiente semestre para pedir una nueva.

Departamento de Psiquiatría

El penúltimo cambio que realicé en el 2015 fueron mis datos en el Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina. Desde que entré a la UNAM soy paciente allí, pero no me había dado el tiempo para actualizar mis datos. El martes 13 de octubre pregunté por los requisitos antes de empezar mi consulta, y tras largas explicaciones me enviaron a la coordinación de la clínica. Uno pensaría que las secretarias que trabajan allí deberían ser un poquito empáticas por el lugar donde trabajan, pero ocurre todo lo contrario. Bueno, eso es otro tema.

Debía entregar una copia de mi CURP y acta de nacimiento y mostrar mi credencial de estudiante. En ese momento no traía nada conmigo, así que volví hasta 28 de octubre. Hablé directamente con la secretaria de la coordinación y se realizó el cambio.

La siguiente vez que acudí a Psiquiatría, la cajera ya no volvió a levantar la cara para verme mientras confirmaba mis datos para el pago de la cita. Un lugar menos en la lista donde ya no tendré que escuchar mi viejo nombre.

Lo último que hice en el 2015 fue acudir el día 30 de diciembre a Santander para modificar mi nombre, así que al momento de la publicación de esta segunda parte desconozco qué pueda pasar. Ya contaré con más detalle en la parte 3.

Aún quedan muchas cosas por realizar:  el maldito CURP, los certificados de primaria, secundaria, preparatoria; el seguro, mis datos como paciente en la Clínica Condesa, y un largo etc. que espero terminar, cuando menos, en el 2016. Creo que lo pondré como un propósito de año nuevo.